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miércoles, 12 de septiembre de 2012

LA FÁBULA DE LA MIERLITA (Una fábula sobre la pérdida de nuestros derechos)

.- LA FÁBULA DE LA MIERLITA -. Ayer noche volvimos a extender una buena decena de cuentos sobre la cama y en esta ocasión mi hija escogió la lectura con la que allanar el camino hacia el mundo de los sueños. La narración llevaba por título “La Mierlita” que, al parecer, es una obra recogida de la tradición oral en Extremadura y que responde al arquetipo de Cuento Folclórico de animales salvajes. En él se nos presenta a un ave, la Mierlita, que ve amenazado su nido por una zorra. Con el fin de evitar que la zorra devore todo el nido, día a día y uno a uno, va arrojando a las fauces del depredador sus polluelos con la esperanza de salvaguardar la vida del resto de la prole. Cuando ya sólo queda un pollito en el nido otra ave, en nuestra versión el alcaraván, advierte a la Mierlita del engaño, salvando a la última cría del nido in extremis. Al cerrar el libro mi hija no cesaba de repetir “¡qué tonta la Mierlita!”, con no poca indignación. Sin embargo, la indignación mayor se instaló en el fondo de mi consciencia. Súbitamente me contemplé a mí mismo como un “Mierlito” que se deja desposeer, que arroja sus derechos a las fauces de un poder engañoso, un poder que, bajo presión intimidatoria, exige se le alimente con nuestra prole. Ya hemos arrojado la Sanidad que ha reducido su alcance, al tiempo que ha subido su coste para el ciudadano, ya le hemos lanzado el subsidio de desempleo que va reduciendo su cuantía y duración hasta la mínima expresión, ya le hemos alimentado con aumentos de jornada laboral o reducciones salariales, con disolución de convenios colectivos. Pronto la zorra nos pedirá que le arrojemos el derecho a manifestarnos, el derecho a librepensar, el derecho a hacer cualquier cosa que no sea normativa. Amigos, empleados o desempleados, ciudadanos en cualquier caso, escuchad la voz de este “alcaraván” que no quiere sino recordaros que la zorra no puede nada contra un pueblo que lucha firme y unido por sus legítimos derechos. Plantémosle cara. Tengamos el valor de recorrer el camino de la huelga y de la lucha pero dejemos de alimentar al monstruo que nos amenaza con privarnos de futuro pues, mientras pensamos que lo conservamos siquiera mermado, se despacha vorazmente con él. Yo no quiero que mis hijos se despierten de su sueño y se encuentren con la pesadilla de haberse convertido en mano de obra desechable, confinados en una cadena de producción al estilo asiático. Quiero que sean libres y que vivan para ver cómo los derechos del trabajador se tornan universales, en lugar de establecer la esclavitud como única forma de relación laboral. Ricardo Díez Pellejero Padre, poeta e ingeniero empleado por cuenta ajena.

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